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miércoles, 5 de junio de 2013

TRECE TRINOS


Foto: Julián Carrillo. 



Texto extraído de la sección "Panegírico"  del libro Alebrijo Librejo (Ocozocoautla, Abril, 2011), un homenaje el músico mexicano Julián Carrillo. 






Las variaciones producen sonidos,
no son los sonidos los que producen vibraciones,
así pues, se abre el oído humano a las 30 000 vibraciones que puede escuchar.
En materia de sonido no existe le vacío, todo se llena y todo se oye.

-Julián Carillo



SONIDO I

Nadie, desde el oído precámbrico percibió, palpó, coloreó en su mente la fábula premonición de los sonidos. El Sol, entonces, era a penas un sol/feo y la Luna una albura intacta, silbido para fagot.



SONIDO II

¿Fueron primero, los sonetos o las sonatas o las festivas sonajas del mexicano folclore?, fue muy antes el meloso circunloquio de Laúd blasfemo o aquel ángel —querubín soberbio—, expulsado con alhaja de jaspe, ónice, berilio, marfil oscuro, flanqueado de silbantes flautas y tronantes tamboriles, o el piano aún disperso por el cielo en gajos de menguante luna.


SONIDO III

El molino eólico segaba trigales de sonidos, había un gorjeo de gorrioncillos alunados tejiendo nidos en la tierra arbórea, yacían y rasgaban, dulcían, decían. Despeinaba una guitarra la crin de ese Toro Enamorado de la Luna. Los tiestos rotos en el jardín, la ponzoña entumecida en la mirada arácnida, la raíz nutricia embriagando de luz el ojo de la gallina ciega: al fondo de esta escena, gime el violoncello un sexteto de notas dulces, pero oscuras.




*SONIDO 4':33''
























SONIDO V

Todo músico oye mejor sordo. Acaso oyen con el cuerpo. Beethoven percibió los medios tonos de su Novena Sinfonía estando sordo. Goya descifró los colores de su deliro estando sordo. Porque la pintura es una especie de música espesa, y la música un cardumen de sonoras pinceladas al viento.



SONIDO VI

Un instrumento de semillas, sonido trece, trinan lácteas golondrinas. La boca de la niña música amamantada de calostro, una boca abierta buscando el ósculo de la musa de la hermúsica—, como la espalda del amante que mira la tristeza en fuga de aqu/ella a quien dijo adiós como queriéndole decir lo siento. El mejor instrumento de música es la garganta eunuca de los Castrati. Efebos órficos, no toquéis jamás un gallo blanco antes de la cópula, podríais amanecer antes que el sol, y heredar el oficio de lámpara entre las peludas manos del crepúsculo, per secula seculorum.




SONIDO VII

Después del siete la estupidez humana no percibía más variaciones de sonidos. Todos los tonos tienen semitonos menos dos. MI, SI. ¡Salve Julián Carrillo!, ¡oh libertador de este esclavo continente de sonidos!





SONIDO VIII

Rechina mi herrumbrosa boca como puerta abriéndose de golpe en que irrumpe el fantasma de un adiós, yo no quise decirte nunca que mi abuelo fue músico y poeta, organillero, músico de calle, de banqueta. Una marimba ebria se ríe de los azotes. Luego, la llevan acuestas como en una alegre procesión, como si su esqueleto de sirena fuese un ataúd de Ecos del Grijalva. Las vibraciones producen sonidos; diez hombres al cadalso con las espaldas perladas de sudor y sal, azotados por frenéticos directores de orquesta podrían balbucear una sonata harto plausible. Las tetas de una mina rioplatense, bien tocadas, sueltan músicas de bandoneón.





SONIDO IX

Seis Casi Sonatas, casi sonetos, Balbuceos para Piano Metamorfoseado, un Preludio a Colón, un interludio, un interlunio, un solfeo en dieciseisavos de tono. La bomba nuclear dividió el átomo, tú música el sonido, en un concierto tuyo, cada corazón será un minúsculo Hiroshima.




SONIDO X
(Cantata del rapsoda)

Trafalgar la celeste lírola tañendo lúnulas silvestres y revueltas: ¡Mayombe-bombe-Mayombé! Sensemayá, la culebra…** enristrar el pátido azoro, engalanar las ganas, las gránulas, interrogar los goznes de la hembra ganso, atizar la fiebre venusina del melómano soberbio, sorber guijarros de faramalla en un riachuelo ebrio de música, esplender la médula silente: trovar, tañer, tocar. Tu cadera es todo ritmo. Venus baila el ‘ula ula’ con anillos de Saturno en la órbita sideral de su cintura”.




SONIDO XI
Círculos armónicos, demoniacos, un atlántico se hinoja bajo la humedad votiva de la caleta en que veinticuatro gaviotas dan al viento su aleteo sinfónico, cuatro céfiros danzan un vals Sobre las Olas, el cora/song palpita en contrapunto, una mujer azul cierra los párpados, un hombre asulado tensa el arco y tañe el firmamento, gato negro, cual un bello Stradivarius: no amanecerá jamás mientras la noche escuche destilar desde el balcón aquellos Sones de Mariachi.





La eternidad se sostiene por instantes.
-Plotino



SONIDO XII
Tu música sostiene el infinito.






SONIDO 13
J.U.L.I.A.N.C.A.R.R.I.LL.O.

Con una navaja seccionaste el átomo sonoro, con un violín y una navaja, seguramente tus manos fueron dos golondrinas suficientes anunciando el ocaso de los doce peldaños de la antigua escala. Tu nueva escalera tiene los pies en el infierno y el cabo en el infinito. A algunas gentes Dios les habla, pero a ti te gritaba al oído la música microtonal. Tu tímpano de finísimo Xoloitzcuintle halló la singular aguja del Sonido Trece entre los obesos pajares del sonido y del silencio. Heraldo de las ocultas armonías del universo. Artífice de otra galería de instrumentos; pianos metamorfoseados, carrillófonos, carrillómetros, guitarras para larguísimos ferrocarriles, violines, violonchelos, sólo en México donde la música es un hábito sacro y saleroso pudo romperse la tabla de los doce mandamientos musicales para predicar el festivo amor del Sonido Trece, ¡Oh egregio apóstol de un evangelio para melómanos!, en que tu música es como un nuevo testamento. ¡Oh Julián de Ahualulco! desde Pitágoras de Samos ningún otro ser había hallado nueva correspondencia entre números y sonidos.
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*John Cage (1912-1992) Su obra “cuatro minutos, treinta y tres segundos” para piano sólo o cualquier tipo de conjunto instrumental. En él un músico o grupo de músicos salen a escena con un cronómetro que registra un lapso de tiempo igual al nombre de la pieza, sin que ellos toquen una sola nota en sus instrumentos. Cage fue uno de los pioneros en darle importancia al silencio como parte de la composición.


**Nicolás Guillén, Sensemayá (canto para matar a una culebra). También es un poema sinfónico del músico mexicano Silvestre Revueltas, inspirado en el poema de Nicolás Guillén.

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