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| Foto: Julián Carrillo. |
Texto extraído de la sección "Panegírico" del libro Alebrijo Librejo (Ocozocoautla, Abril, 2011), un homenaje el músico mexicano Julián Carrillo.
Las variaciones producen sonidos,
no son los sonidos los que
producen vibraciones,
así pues, se abre el oído
humano a las 30 000 vibraciones que puede escuchar.
En materia de sonido no
existe le vacío, todo se llena y todo se oye.
-Julián Carillo
SONIDO I
Nadie, desde el oído precámbrico percibió, palpó, coloreó en su
mente la fábula premonición de los sonidos. El Sol, entonces, era a
penas un sol/feo y la Luna una albura intacta, silbido para fagot.
SONIDO II
¿Fueron
primero, los sonetos o las sonatas o las festivas sonajas del
mexicano folclore?, fue muy antes el meloso circunloquio de Laúd
blasfemo o aquel ángel —querubín soberbio—, expulsado
con alhaja de jaspe, ónice, berilio, marfil oscuro, flanqueado de
silbantes flautas y tronantes tamboriles, o el piano aún disperso
por el cielo en gajos de menguante luna.
SONIDO III
El
molino eólico segaba trigales de sonidos, había un gorjeo de
gorrioncillos alunados tejiendo nidos en la tierra arbórea, yacían
y rasgaban, dulcían,
decían. Despeinaba una guitarra la crin de ese Toro
Enamorado de la Luna. Los
tiestos rotos en el jardín, la ponzoña entumecida en la mirada
arácnida, la raíz nutricia embriagando de luz el ojo de la gallina
ciega: al fondo de esta escena, gime el violoncello un sexteto de
notas dulces, pero oscuras.
*SONIDO
4':33''
SONIDO V
Todo músico oye mejor sordo. Acaso oyen con el cuerpo. Beethoven
percibió los medios tonos de su Novena Sinfonía estando sordo. Goya
descifró los colores de su deliro estando sordo. Porque la pintura
es una especie de música espesa, y la música un cardumen de sonoras
pinceladas al viento.
SONIDO VI
Un
instrumento de semillas, sonido trece, trinan lácteas golondrinas.
La boca de la niña música amamantada de calostro, una boca abierta
buscando el ósculo de la musa —de
la hermúsica—,
como la espalda del amante que mira la tristeza en fuga de aqu/ella a
quien dijo adiós como
queriéndole decir lo siento.
El mejor instrumento de música es la garganta eunuca de los
Castrati. Efebos órficos, no toquéis jamás un gallo blanco antes
de la cópula, podríais amanecer antes que el sol, y heredar el
oficio de lámpara entre las peludas manos del crepúsculo, per
secula seculorum.
SONIDO VII
Después del siete la estupidez humana no percibía más variaciones
de sonidos. Todos los tonos tienen semitonos menos dos. MI, SI.
¡Salve Julián Carrillo!, ¡oh libertador de este esclavo continente
de sonidos!
SONIDO VIII
Rechina
mi herrumbrosa boca como puerta abriéndose de golpe en que irrumpe
el fantasma de un adiós, yo no quise decirte nunca que mi abuelo fue
músico y poeta, organillero, músico de calle, de banqueta. Una
marimba ebria se ríe de los azotes. Luego, la llevan acuestas como
en una alegre procesión, como si su esqueleto de sirena fuese un
ataúd de Ecos
del Grijalva. Las vibraciones producen
sonidos; diez hombres al cadalso con las espaldas perladas de sudor y
sal, azotados por frenéticos directores de orquesta podrían
balbucear una sonata harto plausible. Las tetas de una mina
rioplatense, bien tocadas, sueltan músicas de bandoneón.
SONIDO IX
Seis Casi Sonatas, casi sonetos, Balbuceos para Piano Metamorfoseado,
un Preludio a Colón, un interludio, un interlunio, un solfeo en
dieciseisavos de tono. La bomba nuclear dividió el átomo, tú
música el sonido, en un concierto tuyo, cada corazón será un
minúsculo Hiroshima.
SONIDO X
(Cantata del rapsoda)
“Trafalgar
la celeste lírola tañendo lúnulas silvestres y revueltas:
¡Mayombe-bombe-Mayombé! Sensemayá, la
culebra…**
enristrar el pátido azoro, engalanar las ganas, las gránulas,
interrogar los goznes de la hembra ganso, atizar la fiebre venusina
del melómano soberbio, sorber guijarros de faramalla en un riachuelo
ebrio de música, esplender la médula silente: trovar, tañer,
tocar. Tu cadera es todo ritmo. Venus baila el ‘ula ula’ con
anillos de Saturno en la órbita sideral de su cintura”.
SONIDO XI
Círculos
armónicos, demoniacos, un atlántico se hinoja bajo la humedad
votiva de la caleta en que veinticuatro gaviotas dan al viento su
aleteo sinfónico, cuatro céfiros danzan un vals Sobre
las Olas, el cora/song
palpita en contrapunto, una mujer azul cierra los párpados, un
hombre asulado tensa
el arco y tañe el firmamento, gato
negro, cual un bello Stradivarius: no amanecerá jamás mientras la
noche escuche destilar desde el balcón aquellos Sones
de Mariachi.
La eternidad se sostiene por instantes.
-Plotino
SONIDO XII
Tu música sostiene el infinito.
SONIDO 13
J.U.L.I.A.N.C.A.R.R.I.LL.O.
Con una navaja seccionaste el átomo sonoro, con un violín y una navaja, seguramente tus manos fueron dos golondrinas suficientes anunciando el ocaso de los doce peldaños de la antigua escala. Tu nueva escalera tiene los pies en el infierno y el cabo en el infinito. A algunas gentes Dios les habla, pero a ti te gritaba al oído la música microtonal. Tu tímpano de finísimo Xoloitzcuintle halló la singular aguja del Sonido Trece entre los obesos pajares del sonido y del silencio. Heraldo de las ocultas armonías del universo. Artífice de otra galería de instrumentos; pianos metamorfoseados, carrillófonos, carrillómetros, guitarras para larguísimos ferrocarriles, violines, violonchelos, sólo en México donde la música es un hábito sacro y saleroso pudo romperse la tabla de los doce mandamientos musicales para predicar el festivo amor del Sonido Trece, ¡Oh egregio apóstol de un evangelio para melómanos!, en que tu música es como un nuevo testamento. ¡Oh Julián de Ahualulco! desde Pitágoras de Samos ningún otro ser había hallado nueva correspondencia entre números y sonidos.
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*John Cage (1912-1992) Su obra “cuatro minutos,
treinta y tres segundos” para piano sólo o cualquier tipo de
conjunto instrumental. En él un músico o grupo de músicos salen a
escena con un cronómetro que registra un lapso de tiempo igual al
nombre de la pieza, sin que ellos toquen una sola nota en sus
instrumentos. Cage fue uno de los pioneros en darle importancia al
silencio como parte de la composición.
**Nicolás Guillén, Sensemayá (canto para matar a una
culebra). También es un poema sinfónico del músico mexicano
Silvestre Revueltas, inspirado en el poema de Nicolás Guillén.

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