Hace algunos días René Morales me dio, en Ocozocuautla, el último ejemplar de la primera edición de mi Alebrijo Librejo. El penúltimo vi que se lo endilgó a Héctor Cortés Mandujano terminada la presentación del libro "Cantando el triunfo de las cosas terrestres" de Efraín Bartolomé.
La historia de su publicación es muy particular. Originalmente yo tenía preparado para la imprenta mi libro Hipocampos; un día de abril de 2010 Rodolfo Girón me invitó a la presentación de su primer publicación (que no su primer libro escrito): "De cómo los desesperados naufragan en las lenguas de aguardiente" en Tuxtla Gutiérrez. Libro en el cual figura un prólogo mío, el cual escribí pensando en la obra entera de Rodolfo (que yo leí), y su futuro eco en las letras de Chiapas, y no sólo en el libro en cuestión, ya que él mismo me envió todos sus trabajos inéditos, los cuales si no mal recuerdo suman más de 7 libros con un promedio de 100 páginas por obra.
Yo no hubiera escrito ese prólogo, sino porque un año antes en la cantina "El Mapaneco" de Huehuetán durante el Festival Ixquixóchitl, con una caguama de por medio y Chalino Sanchez de fondo platicamos sobre nuestros libros y yo le comenté que el mío no tenía prólogo (no tenía porque yo quería que mi libro fuera valorado per se y no porque algún escritor de renombre lo prologara, como es usanza entre los poetas), pero entonces Rodolfo me dijo: "yo le escribo el prólogo a tu libro y tú al mío" y rumié largos segundos la idea antes de decirle que sí (aunque a ojos de mi oyente hubiera parecido un "sí" espontáneo). Durante esos instantes pensé que el prologo de Rodolfo no sería pernicioso puesto que él era un escritor novel como yo, amén de que yo vaticinaba con él una amistad fecunda.
Pero lo anterior no viniera al caso, sino porque en dicha presentación en el café Fractal, terminada la lectura, yo estaba acodado en una silenciosa esquina cuando pasó a mi lado René Morales. Nos saludamos efusivamente. Y me platicó sobre su proyecto editorial, yo guardaba en mi maleta un fólder amarillo con una copia impresa de Hipocampos que sinceramente no sabía a quién dárselo para hacer un poco más de espacio en mi maleta; lo saqué y le dije: "ten te traje esto para que lo leas" él lo guardó y se fue a continuar la fiesta.
Unos días después nos encontramos en la madrugada por el chat e hizo unos comentarios halagüeños a mi libro, cosa que me entusiasmó, ya que yo también había leído, no sin sorpresa, su "Bestiario del perro". Entonces me invitó a enviarle el texto para publicarlo. El problema fue que Hipocampos (en su más reducida versión), superaba las 60 páginas y René me requería que no pasara las 40, a lo cual me propuso dos cosas: Reducir Hipocampos a ese número de páginas, o bien que le enviara otro trabajo. Casualmente yo tenía un libro reciente, Alebrijo Librejo, que sumaba cabalmente 40 páginas.
En una entrevista a Ítalo Calvino sobre la génesis de sus "Ciudades Invisibles" leí que éste dijo que escribía cosas sueltas, lo que se le ocurría, y cuando ya tenía lleno de papeles el escritorio se preguntaba: "qué libro puede salir de aquí". Al hacerme esa misma cuestión comencé a compilar Alebrijo Librejo. Porque al igual que Ítalo yo tenía en mi escritorio virtual una ingente cantidad de poemas sueltos y libros en embrión, sin otra cosa en común que su autor. Textos tan distantes en tiempo y estilo como "Verborragia" (de lo más reciente), y "Oda a Jaime Sabines" (poemas de juventud), oda que luego titularía "Oda Desoída", ya que neciamente intenté publicarla por varios medios sin suerte. Creo que el único poema escrito ex profeso para este libro fue precisamente el que inicia: "Alebrijo Librejo/Resuma alfabeto espeso".
Cuando yo me decidí a publicar lo hice pensando en huir precisamente a lo que todo escritor persigue: el estilo. Y decidí intentar, con Augusto Monterroso, que ninguno de mis libros se pareciera al otro. Y antes que producir una obra homogénea y circular, decidí que mi pluma dibujara una línea delirante. Así no tendría pudor en experimentar con la palabra por "cuidarme" de no romper con el establisment. También pensé en fundar alguna empresa para no tener que vivir de la poesía, y mantenerme así, lejos de la tentación de "adecuar" mi escritura al juicio de un puñado de catadores de poetas. Y, claro, poder quizá concursar algún día con lo que me dé la gana, porque pongámonos a pensar; si Vicente Huidobro hubiese enviado su "Altazor" a concursar en algún premio literario de los años 30's ¿habría podido romper la cerrazón de los jueces con sus pequeñas mentes enfrascadas en los criterios de su época? No. Y seguramente ni siquiera hubiera sido considerado "poesía" el libro introductor del modernismo en América Latina, etcétera.
Esta Generación del Next (la mujer que sigue, la computadora nueva, el celular de moda...) busca glorias efímeras, llevar un taller de literatura y al mes siguiente publicar un libro (desechable, of course), luego aprenden la "fórmula" y comienzan a fabricar (nunca mejor aplicada esta palabra), poemarios para hacerse con todos los premios de poesía habidos y por haber. Poetas con ínfulas de Rock Stars. La poesía nuca ha sido cuestión de masas, no porque sea secreta (como una alquimia del alma), sino íntima. Es cierto que la gente acude a recitales masivos con ciertos poetas consagrados, pero lo hacen únicamente por un culto a la personalidad, el verdadero encuentro con el poeta y su lector se da en el silencio de una habitación, o bajo la sombra apacible de un árbol solitario, ahí es cuando se entabla ese diálogo mudo que irrumpe en el tabernáculo del alma, porque se trascienden los misterios de la palabra escrita y hablada y ya todo es emoción.
Pero volvamos a nuestro librejo: hace algunos días (el sábado 19 de noviembre), fui invitado presentar el libro que nos ocupa en el Proyecto Posh, el cual, dicho sea de paso, estuvo igual o peor organizado que el año pasado, al que también asistí y me llevé un fiasco. Prometí no volver, pero tras reiteradas invitaciones resolví ir, sin albergar esperanza alguna de que el trato fuera distinto, sino sólo porque necesitaba fugarme un rato de mi vida. Por ello le pedí a Lupita Calvo que me presentara el libro, ya que además de haberlo leído me conoce demasiado bien. Yo no sabía que ella participaría también en las lecturas del Posh, me enteré después. No leímos.
Sentados en las butacas de la Sala Alberto Domínguez en San Cristóbal junto a René Morales, Geraldine Ovando y Lupita Calvo, mientras escenificaban la obra "Soy Marica" alguien del staff se nos acercó y nos preguntó si queríamos leer en el intermedio o después de la obra, pero nuestra lectura estaba programada a las 5 de la tarde y ya el reloj marcaba las 6. Es decir, la gente ahí reunida había llegado por ver la obra de teatro y decidimos con René que no usurparíamos un público que no era el nuestro (si es que alguna vez lo tuvimos) y esperamos un tiempo pertinente para salirnos.
Yo había decidido que esa fuera la última presentación de Alebrijo Librejo y aunque no se dio tal presentación, efectivamente fue la última. Luego, ya en el hospedaje, vi unas hojas unidas por una grapa en el bolso de Lupita y las h-ojeé mientras ella se peinaba. Vi que eran algunos de los poemas suyos que leería y un texto acerca de mi libro. Ya de regreso en el camión hacia Tuxtla me di el tiempo de leerlo con atención y me conmovió, acaso porque no esperaba que se tomara en serio lo de la presentación; lo usual es desbordarse en elogios sobre el libro y hacer una que otra cita pertinente. Pero este texto se escribió con mucho cariño, así lo sentí, y eso vale tanto más que la crítica punzante de un profesional de la estética. Además me recordó el dato del nombre del artesano Pedro Linares (creador de los Alebrijes), del cual yo recordaba puntualmente la historia más no el nombre. Digamos que hasta ese momento en que mis ojos destejían el texto, me di cuenta del grueso nervio que tejíamos al frecuentarnos, o parafraseando un trocito de la novela "Íngrimo" de Salarrué: Griselda y yo somos amigos, pero sólo ella y yo sabemos cómo.
Pero bien, aquí les transcribo el texto robado, no esperen encontrar la emoción que yo encontré, es inútil, sólo lo transcribo para calmar la sed de los curiosos. Y pensándolo bien, aunque prefiero prescindir de los prólogos, si en algún tiempo venidero alguien osara hacer una reedición de este título me gustaría que incluyera este texto de Griselda a modo de preludio. Porque ¿cómo puede alguien hablar tan dulcemente de un libro tan monstruoso! A continuación el texto:
Gregario de la palabra.
Alebrijo, término que no podía caber más que en un libro de Ameht Rivera, fruto de él, de un alebrije; poeta, ser imaginario, hecho de momentos, de vivencias, de muchos colores como el Alebrije de Pedro Linares. Ameht Rivera es de nosotros, artesanía tejida con las ramas que se mojan como lenguas en las tierras del Soconusco. Así pareciera, que Ameht fue hecho entre lenguas, palabras, letras; es un brujo del lenguaje, un seductor intenso que sin el ligero esfuerzo consigue su éxito en el oído del lector.
Y va más allá, su poesía no es sólo encantamiento, es reflexión, filosofía que se atreve a deformar el lenguaje o a formarlo, si es que los deformadores somos los de la palabra fácil, común, y hace que nos quedemos lengüeteados por largo rato, tratando de alcanzar la solidez de la verdad que apenas acariciamos con la punta de sus poemas.
Alebrijo Librejo rezuma alfabeto espeso (como él mismo lo dice en su poema de la página 20 de este libro), alfabeto que como cuerpo trasciende otro cuerpo, el del lector. Ameht Rivera maniobra perfectamente sus palabras para seducir, incitar y llamar al lector a su poesía, con un encantamiento puro que sólo puede hacerlo un poseedor de la habilidad artesanal de la palabra cito:
Alebrija abeja, también este poema
que sordo y zumba sobre esta hoja de albura hospitalaria
ven bucólico lector,
a lengüetear el aguamiel per/verso
de mi versoscuro
deja un pétalo de/mente a la puerta del alba
y ponte a mirar cómo se encorva el cadáver exquisito de
la luz
bajo la espesa barahúnda de mi poesía.
El viaje a otra realidad o a la otra realidad, o quizá a lo que la nitidez de la mayoría de los que habitamos este mundo nos haga pensar que es sólo un sueño, como sea, Rivera llega ahí y se lo muestra al lector, jinete del apóstrofe le advierte sin rodeos que no hay por dónde huir, el lector se encuentra frente a su poema y no hay remedio para descubrirse ahí, para dejar desnudar su alma solitaria, tan profunda y abismal como la del poeta que le habla, cito:
Un poeta corcovado
con su amor jorobado
por el peso de la ausencia
de la palabra ausente (la mujer, ídem)
un hombre solo (este que aquí escribe),
otra soledad (la tuya lector)
leer es dos soledades que se acuerpan.
Un libro palía la soledad
y aveces la propicia.
Tal como un niño, curioso, que desbarata sus juguetes para descubrir la cualidad de sus órganos que hacen que camine o vuele; Ameht Rivera experimenta el poema, quizá su curiosidad por saber qué es la poesía, la verdadera poesía, es la grandísima capaz de provocar el cúmulo de sensaciones, cúmulo de letras que se juntan como vidrios de un espejo donde el lector se encuentra. La palabra deformada. La sintaxis desbaratada, antítesis fecundada en sus poemas, eso es lo que encontramos que causa extrañeza y duda, ahí está, es lo que Ameht, a través de ese viaje lírico que hipnotiza y hace que podamos concebirlo, para caer en la conclusión de que es impalpable.
Al voltear la última página de Alebrijo Librejo, ahí precisamente, en el último renglón, la carita de un vértigo se asoma, vértigo de que se gaste la palabra en la lengua hábil de Ameht. Pero el lienzo de la palabra es infinito, y aunque seguramente las manos de este mi querido poeta no encontrarán límite del trabajo artesanal de la poesía, sin duda está arando en la tierra más fecunda que hasta hoy no le conocemos fin.
Quiero compartir aquí Alebrijo Librejo con ustedes, no la edición de la editorial Public Pervet de René Morales, puesto que no está disponible en formato digital, por lo cual comparto la edición que originalmente envié.
Para bajarlo dale click aquí: Alebrijo Librejo.
Post Scriptvm: por cierto, el nombre "Alebrijo Librejo" es causa de una feliz errata de la editorial Public Pervert, ya que originalmente se llamaba "Alebrijeo Librejo" pero el diseñador lo escribió mal* y me gustó tanto la sonoridad que pedí que así quedara.
*Cosa que frecuentemente sucede con mi nombre, como hace días que Eraclio Zepeda me obsequió y autografió un libro suyo, y con un aire triunfante me dijo: "Los de la editorial escribieron mal tu nombre, yo lo corregí" él se refería a la antología Cofre de Cedro de Círculo Editorial Azteca que prologó su esposa Elva Macías y donde yo aparezco, pero al leer la dedicatoria vi que decía: "Para el poeta Ameth Rivera..." y nos reímos mucho cuando le expliqué que en mi nombre la "t" va precedida de la "h" por una errata de alguna distraída secretaria del Registro Civil.
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