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| EL famoso mapa de las anisotropías del CMB formado de los datos tomados por la nave COBE, bautizado por algunos cómo El rostro de Dios./Fuente:Wikipedia. |
"No vemos el sol tal como es en este momento, sino como fue hace 8 minutos (...)"
George Smoot/En una entrevista con José Gordon.
"La mayoría de los seres humanos vamos por la vida como cerdos: llenándonos la panza de porquería y sin siquiera levantar la cabeza para ver las maravillas que por el cielo empuja el viento". Edgardo Nieves Mieles/Celebración de la sabiduría, 3.
Una breve historia de la cosmología
El origen de la cosmología (la cosmología como toda arte o ciencia, nace del ocio) es no menos antiguo que el de la civilización, por lo mismo no menos rastreable que ésta. La civilización es hija del hombre sedente. Y el animal humano dejó de ser vagamundo debido a la agricultura, ya que por causa de ésta el hombre tuvo la necesidad de asentanrse en un lugar estable con el fin de cuidar su siembra, para luego poder cosechar el fruto de su labor. De ahí la necesidad de construir refugios (casas)* donde no los había, acaso como las abejas construyen sus panales en la periferia de los jardines.
Es por ello que las primeras civilizaciones se formaron a la vera de los ríos, como el proverbial ejemplo de Egipto, el cual era llamado por sus antiguos habitantes Kemet (tierra negra) en oposición a Desheret (tierra roja -de ahí nuestra palabra desierto.), ya que esta parcela del imperio no se veía favorecida con las fértiles crecidas del Nilo, era tan vital para esta civilización su vecindad con el río que Heródoto escribió en algún lugar de su Historia: "Egipto es un don del Nilo".
Pero también se forjaron civilizaciones entre los ríos, como aquellas surgidas en Mesopotamia (del griego Μεσοποταμία: entre ríos -los bíblicos Éufrates y Tigris (véase Génesis: II, 14.), de las cuales la más basta fuera Babilonia (su arcaico nombre, que proviene de Babel -la altísima torre que pretendía rascar el cielo-, acaso nos suena tan basto como Biblia, o biblioteca) ciudad en que habitaron los caldeos.
Pero a los caldeos queríamos llegar, los cuales según Athur Koestler, en su libro Los Sonámbulos: "Hace unos seis mil años cuando la civilización humana se hallaba aún medio dormida, los sacerdotes caldeos permanecían despiertos en sus atalayas, desde donde observaban las estrellas y trazaban los mapas y las tablas horarias de sus movimientos" cabe mentar que éstos, una tribu semita de origen ignoto, se asentaron en la baja Mesopotamia, región que como ya mentamos líneas arriba, era una generosa extensión territorial en que verdecieron y fenecieron varias civilizaciones.
Quiero asentar, pues, que la cosmología nace parejamente de la observación y el ocio, y éste último es una forma de sedentarismo (el ocio es una manera de estar sentado), ya que no es imaginable un astrónomo que realice sus observaciones mientras camina, o éste correría con la misma suerte que Tales de Mileto, quien según nos cuenta Diógenes Laercio en su obra "Los Siete Sabios de Grecia" un día Tales iba caminando con la mirada puesta en el cielo, y, sin darse cuenta cayó en un hoyo; una plebeya lo miró y se burló de él diciendo: "cómo quieres saber las cosas que hay sobre tu cabeza si ignoras las que tienes bajo tus pies".
Quiero asentar, pues, que la cosmología nace parejamente de la observación y el ocio, y éste último es una forma de sedentarismo (el ocio es una manera de estar sentado), ya que no es imaginable un astrónomo que realice sus observaciones mientras camina, o éste correría con la misma suerte que Tales de Mileto, quien según nos cuenta Diógenes Laercio en su obra "Los Siete Sabios de Grecia" un día Tales iba caminando con la mirada puesta en el cielo, y, sin darse cuenta cayó en un hoyo; una plebeya lo miró y se burló de él diciendo: "cómo quieres saber las cosas que hay sobre tu cabeza si ignoras las que tienes bajo tus pies".
Alza tus ojos al cielo y mira hacia el pasado.
Lo único que puede hacer un astrólogo es predecir el pasado.
Jostein Gaarder.
(...) sino fuera porque existen años luz entre la tierra
y millones de estrellas
entre mi alma infinita y mi bacteria.
Joaquín Vásquez Aguilar.
Uno de esos días de ocio, en los primeros días del 2008 subí a la azotea de mi casa a realizar uno de mis pasatiempos favoritos; sentarme al modo oriental y alzar mis ojos hacia las estrellas. El espectáculo de las estrellas y la noche es tan enajenante como una tragedia de Sófocles, pero harto más antiguo.
En la primaria aprendíamos que la vertiginosa velocidad de la luz era de unos 300 mil k/s y que un "año luz" era una medida astronómica la cual significaba: el tiempo que recorre la luz en un año, paralelo a esto nos decían que Alfa Centauri era la estrella más cercana a nuestro Sol (unos 4 años luz), aunque ahora los telescopios han descubierto que se trata, en realidad, de un sistema estelar múltiple, el cual no es más que un cúmulo de estrellas (tres en este caso) que orbitan en torno a un centro de gravedad común, y no una sola estrella como querían los antiguos.
Pues bien, con estos datos "primarios" pensé que mirar hacia las estrellas era un acto mágico, en su más hondo sentido místico; puesto que mirar hacia las estrellas era como echarle un vistazo al pasado, en algo así como un acto inverso de los que miran el futuro dentro de una bola de cristal; yo estaba mirando el pasado desde dentro de esta esfera celeste que es nuestra Tierra.
¿Cómo es esto de mirar el pasado? Sí, y es "mirarlo" en el sentido más literal de la expresión. La estrella que vemos en el cielo, es realmente una imagen de como fue hace 4 años (reincidamos en el ejemplo de Alfa Centauri), ya que su luz tarda ese tiempo en en hacer su recorrido desde su sitio en el espacio hasta nuestra pupila (Aquí cabe reflexionar que no vemos los objetos en sí, sino la luz que irradian o reflejan) En este sentido si Alfa Centauri se extinguiera en este momento, su luz (imagen) aun la veríamos durante 4 años más luego de su extinción.
Ahora bien, si lo tomamos en el sentido inverso y pensamos que un astrónomo apunta su telescopio hacía la Tierra desde una estrella, no a 4 cientos, sino a 4 mil años luz de nosotros entonces no vería el acontecer de hoy día, sino acaso miraría una larga fila de egipcios trasladando enormes bloques de piedra para erigir la gran pirámide de Giza, bajo el reinado de Keops (2579 a.C. a 2556 a.C.), aunque nos parezca asaz fantasioso el ejemplo.
Acabada mi meditación sobre ese asunto de "mirar el pasado" me olvidé de ello por unos meses hasta que en una edición de cierta publicación periódica en que José Gordon publica su columna "Tocar lo Invisible" tropecé con este artículo sobre George Smoot en que el científico detallaba su histórico hallazgo.
El artículo me entusiasmó sobremanera, puesto que este científico gracias a un avanzado instumento pudo hacer un mapeo de la radiación de fondo (cuando usted prende su televisor sin sintonizarla en algún canal ésta hace un ruido brumoso, esa es la "radiación de fondo" que no es más que el eco del estallido -big bang- de cuando comenzó a expandirse el universo) y con ello hacer una imagen de cómo era el universo en los primeros minutos de su creación; era como ver un ultrasonido del "feto" del universo. Asi pues, supe que mis meditaciones sobre mirar hacia el pasado no estaban erradas, y neceariamente me pregunté ¿qué habría hecho yo de tener esa tecnología en mis manos?
En la primaria aprendíamos que la vertiginosa velocidad de la luz era de unos 300 mil k/s y que un "año luz" era una medida astronómica la cual significaba: el tiempo que recorre la luz en un año, paralelo a esto nos decían que Alfa Centauri era la estrella más cercana a nuestro Sol (unos 4 años luz), aunque ahora los telescopios han descubierto que se trata, en realidad, de un sistema estelar múltiple, el cual no es más que un cúmulo de estrellas (tres en este caso) que orbitan en torno a un centro de gravedad común, y no una sola estrella como querían los antiguos.
Pues bien, con estos datos "primarios" pensé que mirar hacia las estrellas era un acto mágico, en su más hondo sentido místico; puesto que mirar hacia las estrellas era como echarle un vistazo al pasado, en algo así como un acto inverso de los que miran el futuro dentro de una bola de cristal; yo estaba mirando el pasado desde dentro de esta esfera celeste que es nuestra Tierra.
¿Cómo es esto de mirar el pasado? Sí, y es "mirarlo" en el sentido más literal de la expresión. La estrella que vemos en el cielo, es realmente una imagen de como fue hace 4 años (reincidamos en el ejemplo de Alfa Centauri), ya que su luz tarda ese tiempo en en hacer su recorrido desde su sitio en el espacio hasta nuestra pupila (Aquí cabe reflexionar que no vemos los objetos en sí, sino la luz que irradian o reflejan) En este sentido si Alfa Centauri se extinguiera en este momento, su luz (imagen) aun la veríamos durante 4 años más luego de su extinción.
Ahora bien, si lo tomamos en el sentido inverso y pensamos que un astrónomo apunta su telescopio hacía la Tierra desde una estrella, no a 4 cientos, sino a 4 mil años luz de nosotros entonces no vería el acontecer de hoy día, sino acaso miraría una larga fila de egipcios trasladando enormes bloques de piedra para erigir la gran pirámide de Giza, bajo el reinado de Keops (2579 a.C. a 2556 a.C.), aunque nos parezca asaz fantasioso el ejemplo.
Acabada mi meditación sobre ese asunto de "mirar el pasado" me olvidé de ello por unos meses hasta que en una edición de cierta publicación periódica en que José Gordon publica su columna "Tocar lo Invisible" tropecé con este artículo sobre George Smoot en que el científico detallaba su histórico hallazgo.
El artículo me entusiasmó sobremanera, puesto que este científico gracias a un avanzado instumento pudo hacer un mapeo de la radiación de fondo (cuando usted prende su televisor sin sintonizarla en algún canal ésta hace un ruido brumoso, esa es la "radiación de fondo" que no es más que el eco del estallido -big bang- de cuando comenzó a expandirse el universo) y con ello hacer una imagen de cómo era el universo en los primeros minutos de su creación; era como ver un ultrasonido del "feto" del universo. Asi pues, supe que mis meditaciones sobre mirar hacia el pasado no estaban erradas, y neceariamente me pregunté ¿qué habría hecho yo de tener esa tecnología en mis manos?
* Podríamos decir, acaso, que las casas son una suerte de cuevas nómadas.

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