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| La Cuadrilla de Tom Swayer por E. W. Kemble. |
A principios de este año yo era uno más entre las gentes y las calles de una ciudad sentada frente al mar. Elegí el azar (para no tener que valerme de la razón) como guía de mi tránsito. Doblé una esquina, crucé una calle, maldije un payaso, ignoré el rojo de un semáforo. Al paso del algún tiempo me hallé caminando por una calleja estrecha, acaso prolongada por el espejismo que produce la fatiga. Había casas que sostenían balcones, balcones sosteniendo tiestos con flores de un color parecido al amarillo en algún lienzo de Van Gogh.
De pronto volteé a mi izquierda y vi una puerta abierta. Entré. Saludé. El joven que atendía me respondió que podía ver lo que quisiera. Mi atención se allegó a los libros. Desdeñé algún título de autoayuda y elegí, en cambio, uno de mecánica popular —con este si puedo ayudar a los autos—, me dije. A golpe de vista el lugar parecía, a juzgar por los libros polvorientos y una tetera de fierro vulgar, la habitación de alguna recién fallecida viuda. Recordé entonces que en algún lugar de la literatura española Quevedo explicaba que la palabra "viuda" era un empréstito del hebreo que significa "muda". Ya que, según nos cuenta, al morir el varón, siendo esta una cultura duramente patriarcal, la mujer se quedaba literalmente sin voz ni voto, léase muda.
Pero volvamos al relato. Comenzaba a creer que aquel no era uno de esos lugares donde, con alguna suerte, los libros lo encuentran a uno. Sin embargo ese día Mark Twain encontró un lector en mí. H-ojeé un tomo de pasta dura de Las Aventuras de Hucklebery Finn. Pagué por él 5 monedas. El libro voló de aquel lugar hasta mi casa, los libros no tienen pies, pero tienen alas. Mi pueblo llovía hermosamente. Ningún pueblo llueve igual a otro. Hay maneras de llover como maneras de llorar. Pero valdría escribir en una tesis aparte para enumerar las variantes de la lluvia.
Abrí el libro. Un libro, como una mujer de piernas abiertas, nos prodiga sus secretos. En la página legal leí que esta era una edición de Barcelona impresa (y traducida al español) el año de 1993 con las ilustraciones originales de la primera edición (Nueva York, 1885) hechas por E.W. Kemble.
Luego, al pasar la página el libro principiaba con una sentencia enmarcada en un recuadro:
Aviso:
Las personas que intenten encontrar un motivo en esta narración serán procesadas; las que intenten encontrarle una moraleja serán desterradas; las que intenten descubirle una trama serán fusiladas.
Por orden del autor,
Per G.G., jefe de Intendencia
Luego de una breve explicación sobre los varios dialectos de la lengua inglesa de que se ha de valer el autor para su narración inicia el primer capítulo con otra sentencia:
Capítulo 1
Tú no sabes nada de mí si no has leído un libro llamado Las Aventuras de Tom Sawyer; pero eso no tiene importancia.
Luego de leer ambas sentencias advertí el buen humor del autor. Y proseguí. Huk Finn relataba en el primer capítulo cómo termina el último de las Aventuras de Tom Sawyer: "Tom y yo encontramos el dinero que los ladrones escondieron en la cueva, y nos hicimos ricos" Luego de esto un juez determinó poner a interés el dinero y darle un dólar diario a cada uno. Acto seguido, la viuda Douglas prohijó a Huck Finn y le enseñaba buenos modales, cosa que Huck Finn no soportó y huyó de casa de la viuda para volver (como el perro al vómito) a su vida libertina. Entonces apareció Tom Sawyer y le dijo que formaría una cuadrilla de ladrones a la cual podría unirse, con la condición de que volviera a casa de la viuda y se hiciera una persona honrada. Regresó.
Ignoremos (no se canse el lector) lo acontecido en el final del primer capítulo y el inicio del segundo, con el fin de comentar lo que narra el final de éste. Tom Sawyer funda, junto a cuatro más, su cuadrilla de ladrones: Ben Rogers, Joe Haerper, el pequeño Tommy Barnes y Huckleberry Finn. Para ello Tom Sawyer había bosquejado un código de honor para la banda, el cual copió de los libros de piratas y completó con ideas suyas, en que básicamente Tom Sawyer hacía juramentar a todos los miembros matar a la familia de cualquiera que revelara los secretos de la banda, pero Huck, salvo su indigente padre perdido hacía más de un año, no tenía familia o alguien a quien pudieran matar en caso de desacato. Entonces Huck ofreció a la señorita Watson, hermana de la viuda, quien acababa de mudarse a vivir con ellos; todos asintieron y la "Cuadrilla de Tom Sawyer" quedó formada.
Entonces se enfrascaron en una amena discusión entre el negocio al que se dedicaría la banda:
— Nada salvo robo y asesinato —dijo Tom.
— Pero, ¿qué vamos a robar? Casas o ganado o...?
— ¡Tonterías! Hurtar ganado y tales cosas no es robar; es ratería —dijo Tom Sawyer—. No somos rateros. Eso no tiene elegancia. Somos salteadores de caminos. Detenemos las diligencias y los carruajes en la carretera, y llevamos máscaras y matamos a la gente y les quitamos los relojes y el dinero.
Entonces se enfrascaron en otra discusión cuando Ben Rogers preguntó si siempre tenían que matar a la gente. Y Tom Sawyer respondió que era lo mejor, salvo algunos que llevarían a la cueva en espera de que los rescatasen. Pero nadie sabía qué significaba "rescatar" a lo que Tom argumentó: "Pues no lo sé. Pero quizá si los tenemos aquí presos hasta que se los rescate, quiere decir que hasta que estén muertos". Entonces Ben Rogers argumentó que sería muy molesto tener a los presos hasta ser "rescatados" puesto que estarían "...comiéndolo todo e intentando escaparse" a lo que Tom refutó que para ellos tendrían un guardia dispuesto a fusilarlos si movían un pelo, por lo que Ben Rogers contestó: "Así que alguien tiene que estar en vela toda la noche y no puede dormir, sólo para vigilarlos, A mí me parece una tontería. ¿Porqué no puede uno coger un palo y "rescatarlos" tan pronto como lleguen aquí? La respuesta de Tom fue contundente: "Porque no está escrito en los libros".
Entonces Ben Rogers llegó a la cumbre de su ingenua ignorancia preguntando: Oye, ¿matamos a las mujeres también? A lo que Tom Sawyer hermosamente contestó: "Pues, Ben Rogers, si yo fuera tan ignorante como tú, lo disimularía. ¿Matar a las mujeres? No; Nadie nunca ha visto cosa semejante en los libros. Tú las traes a la cueva, y siempre eres sumamente cortés con ellas; y poco después se enamoran de ti, y ya no quieren volver a casa.
Desde entonces no he podido ir más allá de ese capítulo. Lo mismo me pasó en algún capítulo del Qvixote (que llevo tres años desde que comencé a leerlo), o en estas líneas de un cuento de Bioy Casares: "Las nuestras ya se reunieron". Alguien dijo que un buen libro nunca se termina de leer. Incluso hay gentes que tras el trauma de alguna atroz vicisitud, vuelven todos los días a rumiar el mismo acontecimiento quedando expectantes para siempre de ese sólo instante. Quiero decir que no pueden pasar esa página en el libro de su vida.
Parejo a la contestación de Tom Sawyer me anonadó que Mark Twain documentara en 1885 (año de la edición príncipe) lo que casi un siglo después (1973) sería llamado el Síndrome de Estocolmo, término acuñado por el criminólogo Nils Bejerot, debido a un curioso acontecimiento ocurrido en la capital sueca (Stockholm) en que Jan Erik Olsson irrumpió en el Kreditbanken para asaltarlo; debido al arribo de la policía Jan se atrincheró en el banco tomando por rehenes a los ocupantes del lugar durante 6 días, entre los cuales se hallaban tres mujeres (entre ellas Kristin Ehnmark) y un hombre. Jan exigió entre otras caprichosas condiciones como pago del rescate (tres millones de coronas suecas, dos pistolas, chalecos antibalas, cascos y un automóvil) que llamaran a su amigo Clark Olofsson y que lo dejaran llegar en su auxilio, Olofsson era un pájaro de cuenta, pero tras varias deliberaciones la policía aceptó las peticiones de Olsson.
Luego de agónicos días, por fin el 28 de agosto la policía irrumpió en el lugar luego de haber lanzado gas al interior atrapando al fin a Olsson y Olofsson y liberando a los rehenes. Lo sui generis del caso es que Kristin Ehnmark se negó a declarar en contra de sus captores e incluso un periodista aseguró haber visto a ésta besándose con uno de los delincuentes.
No quería otra cosa que dejar constancia aquí de este hallazgo literario. Hay obras literarias que guardan mucho más que emociones en sus letras, las más de las veces por ser olvidadas con el infame argumento de estar "pasadas de moda" parafraseando a Hume, el insigne empirista escocés, diremos que toda obra literaria es siempre susceptible de ser revalorada sobre la base de nuevas experiencias. Otras veces por ser mal leídas o filtradas en ominosos resúmenes. Quizá es tiempo de salir a indagar alguna verdad ignorada en la filosofía de Schopenhauer o algún principio matemático largamente buscado, en la Geometría de Euclides.
Post Scriptvm: Titulé este texto "El sindrome del Mississippi" porque ahí se desarrolla la historia de Huckleberry Finn y para hacer un poco de sarcasmo, más no pretendo renombrar esta singularidad psyquica.
Fuentes:
1.- http://etext.virginia.edu/railton/huckfinn/huckpix/huckpix.html
2.- http://www.nilsbejerot.se/sexdagar_eng.htm
3.- http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/01/110105_mark_twain_sanitizado_cr.shtml
Luego de leer ambas sentencias advertí el buen humor del autor. Y proseguí. Huk Finn relataba en el primer capítulo cómo termina el último de las Aventuras de Tom Sawyer: "Tom y yo encontramos el dinero que los ladrones escondieron en la cueva, y nos hicimos ricos" Luego de esto un juez determinó poner a interés el dinero y darle un dólar diario a cada uno. Acto seguido, la viuda Douglas prohijó a Huck Finn y le enseñaba buenos modales, cosa que Huck Finn no soportó y huyó de casa de la viuda para volver (como el perro al vómito) a su vida libertina. Entonces apareció Tom Sawyer y le dijo que formaría una cuadrilla de ladrones a la cual podría unirse, con la condición de que volviera a casa de la viuda y se hiciera una persona honrada. Regresó.
Ignoremos (no se canse el lector) lo acontecido en el final del primer capítulo y el inicio del segundo, con el fin de comentar lo que narra el final de éste. Tom Sawyer funda, junto a cuatro más, su cuadrilla de ladrones: Ben Rogers, Joe Haerper, el pequeño Tommy Barnes y Huckleberry Finn. Para ello Tom Sawyer había bosquejado un código de honor para la banda, el cual copió de los libros de piratas y completó con ideas suyas, en que básicamente Tom Sawyer hacía juramentar a todos los miembros matar a la familia de cualquiera que revelara los secretos de la banda, pero Huck, salvo su indigente padre perdido hacía más de un año, no tenía familia o alguien a quien pudieran matar en caso de desacato. Entonces Huck ofreció a la señorita Watson, hermana de la viuda, quien acababa de mudarse a vivir con ellos; todos asintieron y la "Cuadrilla de Tom Sawyer" quedó formada.
Entonces se enfrascaron en una amena discusión entre el negocio al que se dedicaría la banda:
— Nada salvo robo y asesinato —dijo Tom.
— Pero, ¿qué vamos a robar? Casas o ganado o...?
— ¡Tonterías! Hurtar ganado y tales cosas no es robar; es ratería —dijo Tom Sawyer—. No somos rateros. Eso no tiene elegancia. Somos salteadores de caminos. Detenemos las diligencias y los carruajes en la carretera, y llevamos máscaras y matamos a la gente y les quitamos los relojes y el dinero.
Entonces se enfrascaron en otra discusión cuando Ben Rogers preguntó si siempre tenían que matar a la gente. Y Tom Sawyer respondió que era lo mejor, salvo algunos que llevarían a la cueva en espera de que los rescatasen. Pero nadie sabía qué significaba "rescatar" a lo que Tom argumentó: "Pues no lo sé. Pero quizá si los tenemos aquí presos hasta que se los rescate, quiere decir que hasta que estén muertos". Entonces Ben Rogers argumentó que sería muy molesto tener a los presos hasta ser "rescatados" puesto que estarían "...comiéndolo todo e intentando escaparse" a lo que Tom refutó que para ellos tendrían un guardia dispuesto a fusilarlos si movían un pelo, por lo que Ben Rogers contestó: "Así que alguien tiene que estar en vela toda la noche y no puede dormir, sólo para vigilarlos, A mí me parece una tontería. ¿Porqué no puede uno coger un palo y "rescatarlos" tan pronto como lleguen aquí? La respuesta de Tom fue contundente: "Porque no está escrito en los libros".
Entonces Ben Rogers llegó a la cumbre de su ingenua ignorancia preguntando: Oye, ¿matamos a las mujeres también? A lo que Tom Sawyer hermosamente contestó: "Pues, Ben Rogers, si yo fuera tan ignorante como tú, lo disimularía. ¿Matar a las mujeres? No; Nadie nunca ha visto cosa semejante en los libros. Tú las traes a la cueva, y siempre eres sumamente cortés con ellas; y poco después se enamoran de ti, y ya no quieren volver a casa.
Desde entonces no he podido ir más allá de ese capítulo. Lo mismo me pasó en algún capítulo del Qvixote (que llevo tres años desde que comencé a leerlo), o en estas líneas de un cuento de Bioy Casares: "Las nuestras ya se reunieron". Alguien dijo que un buen libro nunca se termina de leer. Incluso hay gentes que tras el trauma de alguna atroz vicisitud, vuelven todos los días a rumiar el mismo acontecimiento quedando expectantes para siempre de ese sólo instante. Quiero decir que no pueden pasar esa página en el libro de su vida.
Parejo a la contestación de Tom Sawyer me anonadó que Mark Twain documentara en 1885 (año de la edición príncipe) lo que casi un siglo después (1973) sería llamado el Síndrome de Estocolmo, término acuñado por el criminólogo Nils Bejerot, debido a un curioso acontecimiento ocurrido en la capital sueca (Stockholm) en que Jan Erik Olsson irrumpió en el Kreditbanken para asaltarlo; debido al arribo de la policía Jan se atrincheró en el banco tomando por rehenes a los ocupantes del lugar durante 6 días, entre los cuales se hallaban tres mujeres (entre ellas Kristin Ehnmark) y un hombre. Jan exigió entre otras caprichosas condiciones como pago del rescate (tres millones de coronas suecas, dos pistolas, chalecos antibalas, cascos y un automóvil) que llamaran a su amigo Clark Olofsson y que lo dejaran llegar en su auxilio, Olofsson era un pájaro de cuenta, pero tras varias deliberaciones la policía aceptó las peticiones de Olsson.
Luego de agónicos días, por fin el 28 de agosto la policía irrumpió en el lugar luego de haber lanzado gas al interior atrapando al fin a Olsson y Olofsson y liberando a los rehenes. Lo sui generis del caso es que Kristin Ehnmark se negó a declarar en contra de sus captores e incluso un periodista aseguró haber visto a ésta besándose con uno de los delincuentes.
No quería otra cosa que dejar constancia aquí de este hallazgo literario. Hay obras literarias que guardan mucho más que emociones en sus letras, las más de las veces por ser olvidadas con el infame argumento de estar "pasadas de moda" parafraseando a Hume, el insigne empirista escocés, diremos que toda obra literaria es siempre susceptible de ser revalorada sobre la base de nuevas experiencias. Otras veces por ser mal leídas o filtradas en ominosos resúmenes. Quizá es tiempo de salir a indagar alguna verdad ignorada en la filosofía de Schopenhauer o algún principio matemático largamente buscado, en la Geometría de Euclides.
Post Scriptvm: Titulé este texto "El sindrome del Mississippi" porque ahí se desarrolla la historia de Huckleberry Finn y para hacer un poco de sarcasmo, más no pretendo renombrar esta singularidad psyquica.
Fuentes:
1.- http://etext.virginia.edu/railton/huckfinn/huckpix/huckpix.html
2.- http://www.nilsbejerot.se/sexdagar_eng.htm
3.- http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2011/01/110105_mark_twain_sanitizado_cr.shtml

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