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martes, 5 de julio de 2011

De un poema "bien o mal" confeccionado.

Franz Reichelt enfundado en el traje-pájaro que él mismo confeccionó.


Después de algunas semanas de un mal trance económico que redundaran en ayunos, más que de la carne, del espíritu (por aquello de: "No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra...") al fin pude salir hoy a vagar entre los estantes de algún supermercado para saciar mi doble apetito (omnivoro y bibliófago como soy). Eché un vistazo a las revistas entre las que se encontraba la edición reciente de Conozca Más, la cual comencé a comprar sólo cuando me llamaban la atención los diseños de portada, y ahora es un hábito de cada mes, por ser una buena fuente de cultura folk.

Hojeando -y ojeando- las páginas, que tienen un  particular olor a sintética novedad, hallé en la página 40, en su sección "Praxis" el siguiente contenido en respuesta a la siguiente cuestión de un lector que transcribiré literalmente:

¿En qué consistió el caso del sastre Richelet? 

Elián Silva

Este afamado remendón de origen austriaco que, según algunos, se apellidaba Teichelt, vivía en París en la primera década del siglo XX. En 1912 anunció que había creado una capa con la que podría volar con tanta eficacia como un murciélago y solicitó a las autoridades competentes permiso para saltar desde lo alto de la Torre Eiffel. Los dueños del edificio y la policía se lo otorgaron pidiéndole que firmara previamente un descargo de responsabilidad legal. El evento se verificó el 23 de febrero de 1912 a las 7:00 a.m. ante un grupo de invitados, periodistas y curiosos convocados por el propio sastre, quien pensaba dar así origen a un próspero negocio de capas voladoras. Decidido, se lanzó al vacío desde la primera plataforma, pero la capa no tuvo el efecto deseado y Richelet se impactó contra el cemento del suelo. (Conozca Más, Edición 22.07, página 40.)



La publicación exaltó mi ánimo, ya que algún día de agosto del 2009, vi esta entrada de la página Anfrix, en que leí por vez primera la fabulosa historia del molido sastre. La historia me cautivó ipso facto y resolví escribir una oda al consabido costurero. La empresa, en primeras instancias, me pareció difícil hasta el extremo de lo irrealizable, ya que por un lado estaba entregado a la creación de mi libro "Hipocampos, cantos a modo de caballitos de mar" el cual fue una reacción ante los concursos de poesía (en los cuales había resuelto no participar) donde se privilegian los libros de poesía "temáticos", es decir esos en que los poemas tienen como columna vertebral un tópico determinado, verbigracia: el amor, la muerte, el desamor, la vida, la violencia en cualquier punto del país, etc.  


Cosa que me descalificaba a priori para batirme en contiendas literarias y hacerme con el segundo premio, fiel a las palabras del Quijote: "...y si es que son de justa literaria, procure veusa merced llevar el segundo premio, que el primero siempre se lo lleva el favor o la gran calidad de la persona: el segundo se lo lleva la mera justicia..." (Segunda parte, capítulo XVIII). Puesto que como dijera alguna vez en entrevista Jaime Sabines "yo no escribo libros, escribo poemas" por lo cual, privado de la facilidad para escribir un tomo de poemas entorno de cualquier tema, resolví, dándome cuenta de la forma un tanto serpentina de mi último poema escrito, que fuera la forma y no el tema lo que le diera unidad al libro. 


Así nació Hipocampos, hecho con poemas de varia índole, pero con una misma y caprichosa forma, acaso poética, la de los caballitos de mar. En ese trance me encontraba, cuando descubrí aquel artículo mentado arriba. Y, volviendo al caso, mi primer escollo radicaba en que había decidido explorar un tipo de poesía basada en la alteración de la sintaxis en el verso y la semántica en las palabras, inspirado en mis lecturas del  Poeta en Nueva York de García Lorca y el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius de Borges; de ahí nacieron versos como. "vuela mi fumado aliento oxigenando azules flamas" o "aritmética de las vientos rosa" acaso muy lejos del fervor de mis lecturas.


Decidido a escribir un "poema descriptivo" como me gusta llamarle a ese tipo de poemas que nos informan de un asunto o personaje en particular, y en los cuales el autor se vale de la narración y la descripción, herramientas éstas robadas de la prosa. Fatigué con mi sed las escasas fuentes enciclopédicas estribadas en mi escritorio (que más bien es indagatorio porque, griten paradoja los filólogos, no escribo en él), luego la basta pero no tan fiable telaraña informática; y, con retazos de información (gráfica y bibliográfica) y la aguja encontrada de la inspiración fui remendando el poema, que acaso me quedara parecido (si forzamos la imaginación) al ininteligible traje-pájaro del costurero.


La prístina imagen (fanopea) me fue dada, acaso como son dadas las imágenes del sueño, a las cuales sólo se las mira con los ojos cerrados, pero bien dilatada la pupila de la imaginación. Y fue la imagen, la del sastre trasladado por ángeles, al modo del viejo Dios movido por su hueste de querubines en la cúpula de la Capilla Sixtina. Pero yo no quería decir "ángeles" y entonces fue: "Los pequeños niños del aire sostenían al guapo sastre" y era la palabra "guapo" insertada en su arcaica acepción de "valiente" arcaica para quienes la usamos en su acepción más nueva de masculina belleza, y no para quienes la frecuentan a la usanza del castellano cervantino; el cual se conserva casi invariable en el idioma "ladino" de los sefardíes. 


El poema, contiene algunas inserciones de ese castellano quijotesco en versos (en itálicas) como este: "Su mujer exangüe, en saliendo de su casa,/ tendióse a sus pies sollozando/ para impedir la fabulosa empresa del su marido" o este: "Y en dicéndole el engañador: échate abajo" todo con tal de dosificar de musicalidad (melopea) al poema.


Si bien traté de ser un tanto satírico en el trato de esta tragedia que más que al llanto mueve a risa. Al modo de el mito judío de El Golem bellamente resumido por Borges en el poema homónimo en que, no sin guasa, dice:


El rabí le explicaba el universo
"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."
y logró, al cabo de años, que el perverso 
barriera bien o mal la sinagoga.


Y luego en el mismo inserta una imagen por él  inventada:

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
ya que a su paso el gato del rabino
se escondía. (Ese gato no está en Scholem
pero, a través del tiempo, lo adivino.)


Yo intenté ser satírico incluyendo en el poema una mujer que excluyeron de la historia, al menos la historia que yo descubrí, y que acaso no existió como el gato de Borges:


(...) entonces imaginó la descendencia que no tendría
con la mujer que líneas arriba le inventamos 
como válida alegoría de la desesperación.




Ésa es, grosso modo, la historia del poema que a continuación expondré, mismo que está incluido en el poemario "Hipocampos" (en imprenta) y que además ha sido incluido en alguna antología y traducido al catalán por mi carísima amiga en la distancia Mercedes de la Vega, quien es mexicana de piel y corazón, pero actualmente está afincada en Catalunya, Expaña, y quien ostenta algún grado académico de estudio de aquella lengua de Gaudí, Dalí y el "desperta ferro" de los bravos almogávares. Dicha traducción fue una dádiva por mi cumpleaños 29.  




HIPOCANTO XIII
[Franz Reichelt, el atroz pájaro de 1912.]

Los pequeños niños del aire
sostenían al guapo sastre.
Como en el fresco de Miguel Ángel
pintado en la Capilla Sixtina
en que un plácido anciano es llevado por querubines,
imaginamos al costurero trasladado por ángeles
al primer piso de la Torre Parisina.
Su mujer exangüe, en saliendo de su casa,
tendióse a sus pies sollozando
para impedir la fabulosa empresa del su marido.
Más que ingenioso era tozudo este Quijote parisino.
Con la escasa ciencia de 1912,
nuestro sastre confeccionó los rudimentos de un paracaídas
inspirado, acaso, en los trazos de Leonardo el florentino
o en las minuciosas alas que acercaron al cielo al feliz Dédalo
y hundieron a Ícaro bajo la piel del mar.
Cuenta la tradición, que para a su invento darle garantía,
remendó un hijo de trapo
que sería (luego) espejo de su sino,
pues besó de golpe el duro piso
el monigote de trapo y altísima costura.
El hacedor de ambos artificios argumentó,
en favor de su intentona,
que el muñeco
vacío de voluntad
no abrió al vuelo los tirantes brazos.
Y acá volvemos al momento (en la) cumbre
a la alta madrugada, un 4 de febrero de 1912;
nuestro quimérico sastre
apenas sostenía el armatoste
pájaro citadino
sobre el dintel achaflanado
del primer piso de la Tour Eiffel.
Desoyó la lección de Jesucristo
quien parado sobre el pináculo del templo
y en diciéndole el engañador: “échate abajo”
no se dejó caer
aunque a sus bruñidos pies,
legiones de ángeles guardasen.
La plebe desoló los teatros
para arremolinarse en derredor
de los 300 metros de hierro y simetría
aunque a los ojos del vulgo
el arrojo del guapo sastre
era más alto todavía
que el altísimo fierro de la Tour Eiffel,
pero acaso menos apoteósico que la estatura de Napoleón
montado sobre Marengo.
Lo pies de Reichelt saboreaban el aire
y sus sorprendidos ojos la falaz algarabía de la victoria
allá el quieto caserío, allende el horizonte de triste fuego
acaso pensó en la muerte…
y en sus hijos (si los tuvo)
y si no los concibió, entonces imaginó la descendencia que no tendría
con la mujer que líneas arriba le inventamos
como válida alegoría de la desesperación.
Empujado por el prestigio de su bonhomía
más que por la certeza de su invento
¡Voló hacía el suelo el atroz pájaro!,
la plebe contuvo el aliento…
…voló hacia el cielo el atroz pájaro
y el ojo multitudinario descendió desde la torre
hasta la herida,
que sobre la piel del suelo,
la alta madrugada de mil 900 doce
el molido sastre
descosió.


Acá la traducción copiada como la recibí en una conversación de Skype:

Perquè ho promès és deute! Lo prometido es deuda!...perdone el retaso:
[1:30:07] Mercediux:

HIPOCANTO XIII
[A Franz Reichelt, el atroç ocell de 1912.]


Els petits nens de l'aire
sostenien al maco sastre.
Com en el fresc de Miquel Àngel
pintat a la Capella Sixtina
en què un plàcid ancià és portat per querubins,
imaginem al cosidor traslladat per àngels
al primer pis de la Torre Parisenca.
La seva dona exsangüe, en sortint de casa seva,
es va extendre als seus peus sanglotant
per impedir la fabulosa empresa del seu marit.
Més que enginyós era tossut aquest Quixot parisenc.
Amb l'escassa ciència de 1912,
nostre sastre confeccionar els rudiments d'un paracaigudes
inspirat, potser, en els traços de Leonardo l' florentí
51
o en les minucioses ales que van apropar al cel a l'feliç Dèdal
i van enfonsar a Ícar sota la pell del mar.
Explica la tradició, que per al seu invent donar-li garantia,
adobar un fill de drap
que seria (després) mirall de la seva sinó,
doncs besar de cop el dur pis
el ninot de drap i altíssima costura.
El creador d'ambdós artificis argumentar,
en favor del seu intent,
que el ninot
buit de voluntat
no va obrir al vol els tirants braços.
I aquí tornem al moment (a la) cim
a l'alta matinada, un 4 febrer 1912;
nostre quimèric sastre
tot just sostenia el baluerna
ocell citadino
sobre el llinda aixamfranat
del primer pis de la Tour Eiffel.
52
No va fer cas la lliçó de Jesucrist
qui parat sobre el pinacle del temple
i en dient-li el enganyador: "tira't baix"
no es va deixar caure
encara que als seus brunyits peus,
legions d'àngels guardessin.
La plebs desolar els teatres
per arremolinar en entorn
dels 300 metres de ferro i simetria
encara que als ulls de la plebs
l'empenta del guapo sastre
era més alt encara
que l'altíssim ferro de la Tour Eiffel,
però potser menys apoteòsic que l'estatura de Napoleó
muntat sobre Marengo.
El peus de Reichelt assaborien l'aire
i els seus sorpresos ulls la fal.laç algaravia de la victòria
allà el quiet mas, més enllà de l'horitzó de trist foc
potser va pensar en la mort ...
53
i en els seus fills (si els va tenir)
i si no els va concebre, llavors va imaginar la descendència que no
hauria
amb la dona que línies amunt li inventem
com a vàlida legoria de la desesperació.
Empès pel prestigi de la seva bonhomia
més que per la certesa del seu invent
¡Va volar cap al sòl el atroç ocell!,
la plebs va contenir l'alè ...
... Va volar cap al cel l'atroç ocell
i l'ull multitudinari va baixar des de la torre
fins a la ferida,
que sobre la pell del sòl,
l'alta matinada de mil 900 doce
la mòlta Sastre
descosió.

[1:30:21] Mercediux: (makeup) espero li agradi, salut!










post scriptum: cabe subrayar que Mercedes se percató de un error en el texto original que decía "para arremolinase" y no "para arremolinarse" los cual es lo correcto, error que no percibí a pesar de mis incontables relecturas del poema, tampoco la computadora, ya que ambas palabras "arremolinase" y "arremolinarse" son un mismo verbo "arremolinar" pero en diferente conjugación. 








3 comentarios:

  1. Leì tu articulo hace tiempo. Tiempo ha que he querido comentarte. Alfonso Reyes decía que la "mímesis" no se reduce en el afán de imitar, sino además de eso, agregar una estructura posible a la realidad. Aristóteles nos ha enseñado en su Arte poética que el poeta crea aquello que posiblemente ha de suceder. Tu Hipocanto no es la excepción y agradezco de antemano que textos como estos esten publicados en la red. Saludos.

    PD: La historia del sastre Richelet, creí encontrarlo también en un cuento de Eraclio Zepeda; antologado sino me equivoco, en Horas de vuelo.

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  2. Gracias "Lluvia Azul" uno de los motivos de este su blog, es precisamente fomentar un diálogo fecundo entre el lector y el escribiente; lo digo porque sencillamente desconocía el dato de Eraclio Zepeda, y ahora me daré a la tarea de interrogar las bibliotecas por ese texto para luego ver la manera de incorporarlo aquí como una apostilla.

    Gracias por comentar, te mando un abrazo desde Soconusco.

    Ameht Rivera.

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  3. En un programa reciente en Discovery Chanel: Extrañas formas de morir (en su traducción al español) tocaron el tema del sastre.

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