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domingo, 26 de junio de 2011

Sobre la curvatura del sonido

Hace algunos meses regresando de una noche de mar, con un amigo Alemán y una amiga de esta región (los nombres no ayudan al fin del relato) quien nos llevó y trajo de regreso en su camioneta, venía yo meditabundo en el asiento de adelante, ella traía el volante, transitábamos ufanamente hacia la ciudad después de una tribal noche de luna y fogata. De pronto mi mente dejó de de poner su atención en el mundo visual, para atender el raro mundo de los sonidos. 

Íbamos a una velocidad regular (lo que sea que esto signifique) y nos flanqueaban vehículos que iban a una velocidad similar a la nuestra; lo curioso, lo novedoso para mi mente, fue descubrir, al pasar un carro rebasándonos al tiempo que sonaba su claxon, que el sonido se curvaba. Igual que se curva un metal dúctil (imagínese un alambre de cobre) resolví pensar que el sonido era maleable, y, haciendo uso de esa propiedad poder dirigirlo hacia un punto determinado.


La deducción surgió, ya que regularmente si un carro está estacionado percibimos el efecto del claxon como una eyección de sonido estridente y monótona, algo como esto, en cambio, como en mi caso, si tú estás en un punto A y el automóvil en cuestión se mueve de un  punto B a un punto C a una velocidad X podrás percibir cómo el sonido se cruva, algo como esto.

Me imaginé que esta propiedad física del sonido, podría ser aplicable a la tecnología de múltiples maneras, pensé por ejemplo en un equipo de sonido que pudiera dirigir la música sólo para ti, con la ventaja de no perturbar a nadie más con tu música, en el caso de no tener gustos musicales afines, y claro está sin la utilización de aditamentos auxiliares como los molestos audífonos, incluso contemplé la posibilidad de estar digamos tres personas en una misma sala, con un sólo equipo de sonido y escuchando cada quien con el volumen deseado y sin interferir con los demás, la música de su agrado.  

Las ideas, son sólo eso, y de poco o nada sirven si no pueden ser comprobadas en un experimento, para luego ser sometidas a pruebas de laboratorio, hasta hacer de la ciencia tecnología y de ésta un producto facturable que pueda ayudar a la mejora de la vida de las personas, ergo las ideas en principio son del todo libres andan como flotando por el aire y no tienen copyrigth hasta que alguien las "cosecha" de ese árbol etéreo de las ideas y las hace suyas, y las más de las veces gana, no el más disciplinado, sino el más diligente. Un caso histórico es el de Darwin y Wallace quienes concibieron la idea de la evolución casi al unísono (para usar una metáfora ad hoc al tema que nos ocupa) y con una semejanza tal que Darwin exclamó al conocer los manuscritos de Wallace: "¡Si Wallace tuviera la copia de mi esquema de 1942 no podría haberlo resumilo mejor!" según nos cuenta la historia.

Digo esto porque hoy leyendo algunas notas online de medios que frecuento me encontré con la sorpresa de que dicho principio ya había sido postulado desde 2008 por científicos de otro sitio del Planeta, aunque aplicado un poco a la inversa, es decir haciendo a los objetos, como reza la cabeza de la nota, "invisibles al sonido". Como bien apuntaba Augusto Monterroso en un ensayo: "los cerebros también son una materia prima" y a veces hay que exportarlos para que se desarrollen en medios propicios, y que nos sean devueltos (como cualquiera de nuestras cosechas) ya procesados y listos para usarse.




3 comentarios:

  1. Buena reflexión. ¿Qué será de las cacofonías, o son sólo subjetivas? Los sinestésicos caerán en el pecado de la gula o de la perversión.

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  2. Las cacofonías son bellas cuando se las trata como poesía. Te recomiendo oigas música del mexicano Julián Carrilo, creo que es lo más cercano a lo que los músicos dodecafónicos llamarían una "cacofonía musical" Salud-os!

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  3. Pero ¿es qué acaso los poetas también pueden moldear el sonido entre ritmos consonantados o asonantados? ¿esto no sería igual a curvarlo?

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