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domingo, 29 de mayo de 2011

Apuntes sobre la inexistencia de Cacahoatán.

Hace algún tiempo (que no precisa mi memoria) divagábamos con Salvador Ventura la idea de que Cacahoatán no existe. Los argumentos que fundamentaban nuestra tesis eran diversos: el primero y más visualmente notable y excluyente (yo iba a decir exclusivo, pero ha de haber sobre el planeta otras tierras ignotas) era el de su no-existencia en los mapas, alentada acaso, por la fútil omisión de algún distraído cartógrafo. 

Otras, no menos lastimeras, eran las omisiones escritas (omisiones gráficas y geográficas), intencionales o no, de cronistas y escribientes, quienes al relatar algún pasaje acerca de estos lares; se salteaban abruptamente de Tuxtla Chico a Unión Juárez sin echar de ver que en ese tránsito de la planicie a la montaña habitaba otro pueblo que existía sordamente ante la alharaca de popularidad de aquellos bastiones culturales del Soconusco: Tuxtla Chico y Unión Juárez; éste por sus chalets, que según la vox populi, el mismo Raúl Velazco en uno de sus viajes con su "cámara viajera" bautizó como: La Suiza Chiapaneca, amén de que tiene la Casa Grande; otrora propiedad de Eva Braun (última esposa de Adolf Hittler) y el otro por ser uno de los pueblos más antiguos del Xoconoshco, cuyo topónimo aparece en el Códice de Mendoza y la Matrícula de Tributos como: Tuxtlán, lugar de conejos. Además de ser el lugar de asentamiento de Izapa (y sus vestigios invaluables arqueológicos).

Sumado a eso, estaba el malinchismo de sus propios habitantes, quienes al preguntarles un gentil-extranjero por su lugar de origen eficazmente respondían: Tapachula. Lo mismo al abrir alguna cuenta de correo electrónico, o inscribirse en alguna red social. Luego, recuerdo una ocasión en que regresábamos, con Salvador, de Tapachula en los lindes del pueblo dominaba el paisaje un alto letrero verde que decía: "Cachatán" y Salvador me dijo con una sonrisa sardónica: "Ameht, somos extranjeros en nuestro propio pueblo" Anécdotas como estas sobran en el diario acontecer del cacacahoateco.


Pero hace algunos días una amiga (Angélica) de la editorial Alfaguara me invitó a un taller del escritor Emilio Lome que impartiría en Tapachula en el Colegio Miguel Hidalgo el 27 de mayo de 2011. Asistí de buen grado, ya que era un taller que nada tenía que ver con la escritura. Llegué y Emlio nos pidió formar grupos para realizar distintas actividades durante el taller.


Una de las varias actividades consistía en inventar una palabra, y entonces Emilio le lanzó a un maestro alto, delgado y cano, la siguiente cuestión: "A ver maestro, sí usted, dígame por favor una palabra que no esxita" y el maestro sin dudarlo contestó: "Cacahoatán" yo me quedé estupefacto, ¿acaso se enteraría de algún modo aquél maestro, que hasta entonces yo desconocía, de la inexistencia de mi pueblo? cómo saberlo, al final no pude trabar conversación con él porque se marchó inmediatamente después de concluido el taller, y yo tenía que esperar a mi amiga puesto que habíamos dispuesto hacer otras cosa durante el día.

1 comentario:

  1. Muchos pueblos de Chiapas sufren todavía, en pleno siglo XXI, de una inexistencia provocada interna o externamente. Hace poco escuché de un paisano tuyo la misma expresión que indicas en tu discurso.
    Acá en este pueblo montañoso que me ha albergado tanto ocurre un fenomeno casi parecido. Se habla de una multiculturalidad y folklore, pero la realidad es otra. Quiero confesar que admiro mucho los pueblos de la llanura costera ya que tienen, ellos sí, una tradición literaria y una propuesta novedosa. Por estos lares del centro -más montañas del norte- no he visto una tal. No existe en realidad.

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