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lunes, 12 de noviembre de 2012

Poesía transhumana

Esta mañana me levanté pensando en la relación que guarda mi obra literaria con la tecnología. Me he percatado que, a estas alturas, me sería imposible escribir un sólo poema sin la asistencia de mi computadora. Y es que, desde niño yo tenía un hondo trauma con la legibilidad de mi letra. Hice todo tipo de ejercicios, pasé por el tortuoso cuaderno de doble raya, pero mi letra jamás mejoró su barroca e insalubre apariencia.

Yo conocí las computadoras a los 15 años, tomé un breve diplomado de seis meses (que no concluí por la premura de un viaje al Defe) en la primer escuela de computación que se instaló en el pueblo. Nos enseñaron a usar el Windows 3.11, incluso había que teclear ciertos códigos, que no recuerdo, en MS-DOS para acceder a una de las primeras versiones del popular sistema operativo de Bill Gates. En fin, aprendí el uso del Paint y el Oficce. No necesité más. Todo lo que sé hasta ahora, que no es poco, lo aprendí de manera autodidacta. Es raro pero nunca sentí gran expectación por las computadoras, desde el principio lo tomé como algo "natural".

El poder escribir en Word me abrió la posibilidad de, en adelante, no temer más por mi ilegible escritura a mano, lo cual, era de esperarse, me dotó de una inusual confianza para redactar, amén de que podía, al fin, tener un asistente ortográfico, ya que para ese tiempo, yo ignoraba todo lo referente a ortografía. Era un cliente asiduo a los exámenes extraordinarios en la materia de Español. Recuerdo, por ejemplo, que no sabía tildar correctamente las palabras: árbol, azúcar, león. etc.

Con el tiempo en parte gracias al corrector ortográfico del Word, en parte gracias a mis constantes y cada vez más largas lecturas, aprendí todo lo que necesitaba saber acerca de la ortografía, incluso fui más allá; les presté a mis maestros de literatura (esto ya en la preparatoria), libros sobre ortografía como "Redacción sin dolor", "El poder de las palabras" entre otros que releí con fruición, y que, por cierto, jamás les devolví. Encontré, pues, en la ortografía las reglas necesarias para jugar al mágico juego de la literatura.

Pero bien, regresando a mi revelación matinal; comprendí que el tipo de literatura (y más específicamente poesía) que escribo es transhumana. Poesía transhumana. Y esto es fácil de comprender, pues, existe para la creación de mi obra, una habitual sinergia entre este ser humano que soy y la tecnología; lo cual desemboca en mis poemas escritos, y más tarde en mis libros publicados. 

Ahondando un poco más en mi relación acaso simbiótica con la tecnología, diré, por ejemplo, que mientras escribo y tengo duda del significado de alguna palabra acudo a un diccionario online, y ya no corro a desempolvar las gastadas página del viejo Laroussse. La otra cuestión es que he leído más libros en PDF (o cual quier otro formato digital) que libros físicos. Una de las razones es porque hay libros que he descargado de la web que jamás hallaría en físico, al menos no acá en el sur del Sur. Y otro, y no menos importante, es que a veces no he tenido dinero para comprarlos. Así por ejemplo, tengo una copia de "De humani corporis fabrica" de Vesalio, los diez tomos de "De Architectura" de Vitrubio, "Trattato della pittura" de Leonardo Da Vinci, "Vida de Apolonio de Tiana" de Filostrato, y un largo y fecundo etcétera de obras que aroman de placer mi vida.

El transhumanismo como término filosófico comenzó a utilizarse en los años 80 (década en que se inscribe la fecha de mi nacimiento), y éste se entiende precisamente como el aprovechamiento de la ciencia y tecnología para mejorar las capacidades mentales y físicas del ser humano, provocando así la expansión de sus capacidades hasta devenir en post-humano. Siendo así el transhumano una transición entre el humano y el post-humano. Usurpando la filosofía nietzschiana diríamos que el transhumano es un puente entre el hombre y el super-hombre. 

La poesía no es sólo un género literario. La poesía existe antes de la invención de la escritura. Sin embargo ese zigurat edificado a palabras llamado: poema, sí requiere del artificio de la escritura para existir, y es por eso que ha evolucionado de la mano de la escritura desde las tablas de arcilla de los sumerios, pasando por el papiro egipcio, hasta nuestra virtual hoja en blanco de Word. Quiero decir que los medios (y lo métodos) de expresión de la poesía han variado drásticamente desde aquel poema épico del Gilgamesh, sin embargo el divino ejercicio de la poesía ha persistido hasta nuestro tiempo, y no es de extrañar que los medios actuales sean usados como herramientas para acometer el poema.

Así es pues la poesía transhumana, a mi parecer, un término en que podemos inscribir a la generación de los 80. Y, aunque conozco algunos amigos poetas que prefieren, no sin melancolía, usar una vieja máquina de escribir para perpetrar sus poemas, de todas formas terminan transcribiendo dicho trabajo a su computadora para su edición y su ulterior publicación en formato de libro (físico o digital). 

Está claro que de seguir la ciencia su paso estrepitoso y trepidante ( y no lo dudo) el ser humano como lo conocemos muy pronto ha de ser una versión obsoleta. Así pues debemos tomar conciencia del tiempo en que vivimos (del tiempo en que morimos), y entender que somos una generación en transición hacia una nueva forma evolutiva de nuestra especie, esta vez no sólo dictada por las leyes naturales, sino potenciada también por la ciencia del hombre.  



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