Querubines salados
y demonios alados,
¡Me rondan
monstruos de la
razón!
rastros y rostros de
vos,
esquirlas de voz
bailan con los hijos
de mi mente
preñada de
nostalgia
(cerca de lo lejos),
uno ya no piensa:
pare imágenes,
retratos impregnados
con el verde aroma
de las ganas,
pálidos pétalos a
punto de abandonar la rosa,
agónicas hojas
saltando de la rama.
Alargo este largo
brazo de neuronas
hasta tentar el
futuro que espero,
escarbo con los
memoriosos dedos
hasta el tuétano
del porvenir.
Este instante en que
soy
es útero que
amamanta
el feto de mis
anhelos,
al chiquillo que
será,
crío de carne y
cielo,
poblador de plazas y
callejas
de la amorosa
ciudad,
que ombligo sobre
ombligo,
II
Un lúgubre maullido
de silencio
ofrece mi voz en
sacrificio
zarpazo de silentes
númenes,
gatimorfo, ídolo
roto
donde hinojo mi
estridencia de cigarra.
Sucédeme,
sacúdeme,
sítiame de ti,
pues no puedo hablar
tu nombre
sin decir tu falta
ni tejer tu silueta
serpeante
con estambres e
ideas
sobre este aire
agujerado de recordaciones,
ni respirar sin
oxidarme
con tu dióxido de
ausencia,
o iluminar tu luz
que madura oscuridades,
no puedo volverme
loco, si no sos vos
quien secuestre mi
cordura
para tu circo de
enanos HIPOCAMPOS.
III
¡Poeta moderno!,
sentencian los hijos
huérfanos del clasicismo:
no hay poesía
sin rima, entonces digo,
esta diástole de
evocación y anhelo
no es un
pinche-poema, es decir
un lacayo de huestes
academicistas,
sino estridente
alarido que sacude corazones
prosaicos y
arrítmicos
como el tuyo
o el que mece mi
pecho.
La métrica no
alcanza para medir hasta dónde la quiero.
Ni un hiato,
ni un diptongo,
ni una sinalefa
podrán romper la
armonía tácita
del amor
(o la tristeza)
que le profeso.
IV
La sangre azul besa
mis venas,
uno es el monarca de
los tristes,
Zar que abraza un
trono sin reina,
Sultán que oculta
un cofre,
vacío de perlas,
porque es ella su
tesoro.
Si mi mente tuviese
el filo y la imaginación
para podar
estrellas,
te alumbraría el
sendero hacia mí,
con esquirlas de luz
caídas del cielo
al suelo que pisas.
¡Preciosa caleña!,
¡de dónde sacaré
la fuerza y descordura
para empujarte al
olvido?
Sigo solo conmigo;
lluevo sádicos peces
de mi sol sediento a
tu luna de agua.
Esta ciudad de
blanca noche,
de absurda noche,
con su luna de semen
y semilla.
Do súbito ocurre un
apagón de fantasías,
agujero de tristura
atravesado
por un tranvía de
recordaciones.
Preñadora de
estériles imaginantes,
Alquimista de otoños
en abril.
Sendero único,
amarillo
en que camina mi
imaginación,
roja puerta de
Alicia
en que penetra mi
sangre erguida
con un coro de
reinas malvadas
país de maravillas
en que dócil te
desnudas
con un cetro nervudo
entre las manos.
V
Preciosa de Cali, te
vas contigo
me dejas sin mí,
temerosa a
desposarte
con este cronopio
que te canta:
sirque la erre
fifando
rizqui, rizqui,
sirque la erre,
nefanda y fráfila
porque la erre
não fifa rizqui,
si tu mafa voz
não face en triz
su resque
ê rizqui rizqui.
Este exquisito fama,
que se vale de la
apodada jitanjáfora
por el regio vate
mejicano,
te susurra al
tímpano:
se duele de ti
se enferma de ti
y no se cura de ti,
ni a panacea de
recuerdo.
Quiero terminar con
esto
empezando con
estotro,
desalando demonios
des/alando
querubines.
Estos rastros o
restos de vos,
no me alcanzan, ya,
para armar algarabía,
ni si quiera para
trepar
hasta el nirvana
etílico
del mi Tío Chente.
Las
mandrágoras han exhalado su fragancia…
Cantares: VII,
13.
VI
Preciosa, hembra de
Cali,
colombiana,
precolombina
anhelo empapar tus
cóncavas oquedades
arponear tus tibios
peces
zaherir tu pecho precámbrico
embeber tu piélago
de labios y excrecencias,
mordisquear tu
plancton sembrado de íntimas mandrágoras,
en que hordas de
trémulos flagelos
ansían penetrar un
sol ciego y repentino
que surge iluminando oscuridades
para esbozar al niño
mitad tú, mitad
cielo,
que liados ombligo a
ombligo,
tejeremos unidos,
con tu estambre
y mis saetas.
¿Esquirlas de voz o de vos? Después de la nostalgia uno queda igual o peor de desfragmentado.
ResponderEliminarSaludos Poeta.
Esquirlas de yo; abrazos Faby ;)
ResponderEliminar